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Hola!

Hace como miles de años me pedi uno de los retos de crack_and_roll, en concreto el de las ADVERTENCIAS, con una de esas parejas raras, obligatorias en la comunidad, y que tanto me gustan ^,^

Titulo: Aniversario
Autor: cloe2gs
Fandom: Harry Potter
Claim: James Sirius Potter/Draco Malfoy
Reto: Advertencias
Extendion: 3596 palabras (mas o menos)
Ranting: Nc-17
Resumen: Draco acaba de descubrir a James haciendo algo que no debería.
Advertencias: Las 6 advertencias que cumple son:
-Lime o Lemmon. No soy capaz de diferenciarlas bien.
-Universo Alterno. Esta basado en un mundo en el que Voldemort vencio y los hijos del bando de la luz estan a cargo de familias de la oscuridad. Se explica algo mejor en el propio fic.
-Mención de personaje muerto.
-Yaoi.
-Shotacon. James tiene unos 12 años.
-*Elección del autor. En concreto travestismo.


―¿Esta todo preparado?

Draco asintió en silencio a la cabeza en llamas que era Lucius Malfoy en su chimenea. De pie, con las manos a la espalda, Draco no dijo nada más, esperando con ello que su padre acabara con su charla por la red Floo y le permitiera volver a sus asuntos.

―Nada puede salir mal, Draco. Nada ―le advirtió Lucius sin intenciones de cortar su conversación, no hasta que él decidiera que había dejado suficientemente claros todos los puntos―. Es un gran honor que nuestro señor te haya permitido organizar este evento.
―Lo sé, padre. He revisado cada mísero detalle y te aseguro de que nada fallara.
―Eso espero. Puede que el Lord tenga a nuestra familia en alta estima; pero no pasara una falta en una fecha tan importante.
―Te aseguro que me he asegurado de todo. Los sangre sucia saben lo que tienen que hacer y que un fallo por minúsculo que sea hará que recaiga sobre ellos mi ira.
―Eso espero, Draco.
―Os veré esta noche a madre, a Ted y a ti.
―Hasta esta noche.

La cabeza de Lucius desapareció y las llamas volvieron a adquirir su color natural antes de desaparecer segundos después como si nunca hubiera estado allí. Draco, libre de los ojos de su padre, se permitió relajar su postura y suspirar con cansancio mientras se frotaba el puente de la nariz. Con tranquilidad se dirigió al mueble bar y se sirvió un vaso de Whisky de Fuego. Mientras lo tomó no pudo evitar recordar el motivo de la llamada de su padre, de la que acaba de tener y de la docena que había tenido antes de esa, todas referentes al mismo tema, la Fiesta de la Victoria.

Hace ya doce años desde que la guerra acabo. El héroe murió y el Lord se proclamó vencedor. La oscuridad gobernaba desde entonces en todo el mundo mágico, empezó por Inglaterra; pero se extendió con rapidez por el resto de países en los que existiese alguna mínima población de magos. Hoy era el aniversario de la batalla final y se celebraba por todo lo alto. Generalmente el Lord designaba a un mortifago de su elección, uno que hubiera conseguido grandes logros o que, como en el caso de los Malfoy, pudiera enorgullecerse de saberse entre los favoritos de su señor. Ese año la responsabilidad había recaído sobre Draco.

Estaba perdido en sus pensamientos, recordando la última batalla, cuando reflejado en el espejo vio una figura corriendo por el pasillo a su espalda rumbo a las escaleras.

―Alto ahí.

Draco dejo el vaso y con rapidez fue hacia la puerta. Esa zona no estaba permitida para nadie que no perteneciera a la familia o uno de los cientos de elfos domésticos que trabajaban para los Malfoy. Con un pie en el primer escalón y la mano en la barandilla había una chica. No debía de tener más de once o doce años a juzgar por su estatura y la ropa que llevaba. Draco frunció el ceño y con una voz fría y carente de sentimientos levanto la varita.

―Date la vuelta.

Tenía el crucio cosquilleando en su lengua, dispuesto a lanzarlo al mínimo movimiento de la chica que estuviera fuera de lugar. Podría ser solo la hija insensata de alguno de los sangre-sucia que trabajaban para él o alguna bruja lo suficientemente inconsciente como para creer que podía entrar en su casa y atacarle. En ninguno de los dos supuestos la chica lo iba a pasar bien.

La joven se quedo rígida al oír la orden y Draco notó que, por un momento, la chica no sabía qué hacer. Finalmente pareció decidir que lo mejor era seguir las órdenes dadas y se giro con lentitud.

Draco no recordaba haber estado nunca tan sorprendido como en aquel momento. Lo que él pensaba que era una chica había resultado no ser tal cosa. En la escalera mirándole estaba James, con su cabello negro con reflejos pelirrojos y sus ojos avellana, y las mejillas algo mas sonrojadas que de costumbre, sin duda por la ropa que llevaba al haber sido descubierto; pero por lo demás el mismo James Sirius Potter de siempre.

El rubio se dio unos segundos para analizarle bien. El pelo, que normalmente parecía un nido de pájaros, justo igual que el de su padre, estaba recogido en dos pequeñas coletas; no llevaba ninguna de las túnicas que normalmente portaba, sino que lleva una camisa de manga corta negra y roja, una falda de tablas negra por encima de las rodillas y unos calcetines hasta las rodillas a rayas rojas y negras.

―¿Por qué no vamos a mi despacho y me cuentas por qué vas vestido de chica?

James asintió con la cabeza, no era como si realmente tuviera alguna opción de replicar. Bajó el escalón que había llegado a subir y con la cabeza en alto y la espalda recta, de la forma más digna que puedo encontrar, se encaminó al despacho de su tutor.

Cuando la guerra acabó quedo la duda de qué hacer con los hijos de los magos de la luz. Matarlos no era una opción, a no ser que quisieran que la sangre mágica se extinguiera y muchas importantes y puras líneas de sangre se perdiera. Tampoco podían dejarlos como si tal cosa para que pudieran crecer rencorosos y terminaran sublevándose contra ellos. La decisión que se llevo a cabo fue simple y sin opción a replica, los que tuvieran familiares en las familias oscuras o que pertenecieran a familias con un largo pasado mágico quedarían bajo la tutela de familias de la oscuridad, el resto quedarían en orfanatos para que cualquiera que lo deseara les adoptara. Ese fue el caso de Ted, que quedo al cargo de su madre, al ser este el nieto de su hermana Andrómeda, o de James, hijo del salvador mágico, de quien el Lord en persona decidió que quedara bajo la tutela de Draco.

Malfoy se sentó en la silla tras su escritorio y cruzó las manos esperando a que James comenzara a hablar. Después de varios minutos en silencio, en el que los dos parecían sostener una lucha de miradas, el joven se rindió y soltó un largo suspiro antes de empezar a juguetear con el borde de la falda que llevaba, en lo que Draco determino era señal de nerviosismo.

―Hoy es el día de la Victoria ―dijo por fin James.
―Lo sé.
―Teddy dijo que fue cuando mi padre murió. La abuela Narcisa lleva a Ted a visitar la tumba de sus padres y de su abuela el día en que ellos murieron ―Draco asintió con la cabeza conociendo la tradición que su madre había adoptado con el joven Lupin―. Tú nunca me has llevado.
―No pensé que quisieras. Después de todo, tenias apenas un par de meses cuando ocurrió.
―Ya, lo sé. La verdad es que no recuerdo nada de mis padres, más que las cosas que tú me cuentas o alguna foto.
―Entonces ¿A dónde quieres llegar?
―Ted dijo que aunque no les recordara debería ir a llevarles flores. Que es lo que debe hacerse.
―¿Y cómo entra en ese plan tuyo el hecho de que vayas vestido como una chica?
―Pensé que vestido así no me reconocerían y podría salir de la mansión.
―Y lo hiciste ―afirmó Draco mas que preguntó.
―Sí. Teddy y yo fuimos al cementerio, le deje flores y nos volvimos. Estaba volviendo a la habitación cuando me pillaste. ¿Estás enfadado?
―No. De todas formas, esos absurdos planes sólo se os pueden ocurrir a vosotros gryffindor.

James vio la sonrisa ladeada en la cara de su tutor y no pudo evitar sonreír en respuesta, sabía que todo estaba ya perdonado.

―De todas formas no debiste salir sin decírmelo y por ello estarás castigado.
―Pero… ―intentó suplicar el moreno.
―No, James. Es mi última palabra. Estarás dos semanas sin volar. Espero que con esto aprendas a no salir sin mi permiso.

Sabiendo que no había nada que pudiera hacer o decir para que le retiraran el castigo, James se limito a asentir con la cabeza.

―Sube a tu habitación y cámbiate de ropa.

James se puso en pie y Draco retomo la lectura de los informes que había dejado de lado cuando su padre llamó. El menor estaba en la puerta a punto de subir y hacer lo que Draco le había mandado cuando una idea cruzo su mente. Con inocencia se dio la vuelta y camino hacia la mesa de trabajo del rubio.

―¿Qué haces? ―le pregunto con inocencia apoyándose contra la gran mesa de roble que el otro utilizaba como escritorio.
―Trabajar ―respondió como si tal cosa, sin levantar la vista de los pergaminos ante él.
―Ya, pero ¿en qué?
―Unos informes. Ahora sube y haz lo que te he dicho.
―¿De qué son? ―le siguió preguntando James mientras rodeaba la mesa y se colocaba a su lado.
―James… ―le advirtió Draco con ese tono de voz que significaba que más le valía que se dejara de juegos y fuera a hacer lo que le había mandado.
―Siempre dices que me preocupe por entender los negocios; pero cuando muestro interés siempre me echas ―dijo el de reflejos rojizos cruzándose de brazos.
―Son unos informes que tengo que leer antes de la fiesta de esta noche ―le respondió el rubio armándose de paciencia.
―¿Y son importantes? ―dijo mientras se estiraba por encima del brazo del mayor para poder leer algo.
―Nada del otro mundo; pero dado que no has dejado de hacer una travesura tras otra desde que volviste de Hogwarts, no he tenido tiempo de leerlos.

Ante la acusación James solo le dio una amplia sonrisa intentando parecer un niño bueno, sin embargo, son muchos años juntos, toda una vida, 12 largos años en los que Draco le ha criado y, para desgracia de James, son muchos años en los que el rubio se ha aprendido todos sus trucos.

―Potter Aerodinamics ―leyó James en el cabecero de uno de los pergaminos―. ¿Es sobre una empresa mía?
―Sobre una de las empresas que algún día será tuya, sí.
―Guay. ¿Qué dice?
―¿De verdad quieres saberlo? ―preguntó recibiendo como respuesta un entusiasta asentimiento con la cabeza― Es sobre un nuevo modelo de escoba.
―¿En serio? ―quiso saber emocionado.

Draco no pudo evitar la pequeña sonrisa que se instaló en su cara al ver como los ojos de James se iluminaban a la sola mención de la palabra “escoba”. Después de todo, si había algo que los Potter amaban más que nada en el mundo ese algo era volar. Parecían tener un talento natural para ello y lo hacían cada vez que tenían ocasión. Draco aun recordaba como uno de los mayores sustos de su vida el día en que vio a James subido en una escoba desde su dormitorio. El pequeño, que no debía tener más de cinco años en aquella época, se las había ingeniado para abrir el armario de las escobas y subirse en su Saeta de hielo. Creyó haber envejecido al menos diez años.

―¿Nos enviaran una muestra? ―le cuestionó el joven.
―Aún tienen que hacer muchas pruebas antes de sacar un modelo seguro ―le explicó el rubio―. Estas son solo los datos de las pruebas iniciales para ver si deben seguir con el prototipo o no.
―Quiero verlo.

James metió tripa y como pudo se colocó entre la mesa y Draco. El rubio echó un poco el asiento hacia atrás, decidiendo que si James mostraba intereses en los negocios, por primera vez en su vida, él no iba a ser el que le impidiera hacerlo. Lo que le pilló por sorpresa fue que James se sentara en sus rodillas.

―¿Qué? ¿Estás cómodo? ―le dijo con sarcasmo.
―Sí, mucho ―respondió James ignorando el tono que el otro había utilizado.

Draco no podía afirmar que realmente James estuviera entendiendo algo de lo que leía, o de que simplemente lo estuviera leyendo, lo que sí que podía afirmar era que el niño no se podía estar quieto ni un segundo ya que no hacía más que moverse de atrás adelante, algo que estaba poniendo a prueba todo su autocontrol. Con cada movimiento que el niño hacía, Draco notaba como una erección empezaba a hacer aparición. Cada vez que el niño se acercaba se presionaba contra su pene para alejarse segundos después, repitiéndolo una y otra vez. James era inconsciente de las sensaciones que estaba creando en el mayor, o al menos eso era lo que Draco esperaba, porque sino le iba a dar a ese pequeño diablillo la lección de su vida.

Puede que tardara cinco minutos, tal vez diez, el tiempo para Draco se había vuelto difuso demasiado concentrado en la pequeña tortura a la que James le estaba sometiendo. Cuando no pudo aguantar más le dio un beso en la nuca, justo en la zona que dejaban libres las dos coletas que llevaba, y llevo las manos a las caderas del menor pegándole contra él, haciendo que notara su erección contra su culo. James soltó una pequeña risa que se escucho claramente en el silencioso despacho y giró la cabeza.

―Para, tío Draco. No me dejas leer.
―Es culpa tuya. Te gusta provocarme ―le respondió antes de besarle con fuerza.

James, más que acostumbrado a ese tipo de besos, tan sólo se dejo hacer, respondiendo con toda la intensidad de la que era capaz. Draco pasó la lengua por los labios rojizos del otro antes de morderle el labio inferior obligando a James a abrir la boca para que pudiera meterle la lengua y comenzar a jugar con la del menor. Sin dejar de besarse Draco comenzó a mover las caderas de James para crear un poco de fricción que le ayudara a sobrellevar la erección que tenía y que presionaba con fuerza contra su ropa interior.

James fue el primero en romper el beso, con la respiración agitada por la falta de aire y las mejillas sonrosadas por el deseo que estaba haciéndole arder la sangre, dejó caer la cabeza contra el hombro del otro. Draco comenzó a besar su cuello, dejándole suaves besos que, en ocasiones, eran sustituidos por unos dientes que arañaban la bronceada piel dejándole ligeras marcadas que más tarde se entretenía aliviando con la lengua. El moreno era incapaz de retener los gemidos que escapaban de su boca, por mucho que se mordiese los labios para acallarlos, al final se le escapaban y acababan retumbando con fuerza contra las paredes del despacho.

―¿Ansioso? ―le susurro Draco al oído con la voz cargada de deseo.

La única respuesta que consiguió fue el ronco gemido que James dejó escapar cuando el rubio comenzó a acariciar su erección por encima de la falda que llevaba.

―Tengo curiosidad ―dijo el mayor sin dejar de acariciarle―. ¿De quién es esta ropa?
―De… Peyton ―murmuró antes de volver a morderse los labios.

Peyton Zabinni, la hija de Blaise y Pansy. Cuando le llevaron a James, Draco tan sólo era un joven de veintiún años encantado con su libertad y que no conocía absolutamente nada sobre niños ni bebes. Por fortuna para él y para James, sus dos amigos se habían casado algunos meses antes y tenían una hija un poco mayor que el pequeño Potter; lo que había hecho que los dos pasaran mucho tiempo en casa de los Zabinni. Como consecuencia, James y Peyton se había hecho grandes amigos.

―Así que de Peyton.
―Aja ―afirmó James moviendo las caderas contra la mano de Draco buscando un poco más de alivio.

De pronto Draco alejó a James de él con fuerza, haciendo que el joven tuviera que poner las manos sobre la mesa para no chocar contra ella. La silla sobre la que estaban sentados segundos antes, cayó al suelo con un fuerte golpe. De un movimiento de varita los papeles sobre la mesa volaron hacia una de las estanterías. Antes de que James pudiera procesarlo todo, Draco ya le había dado la vuelta y le tenía recostado sobre la mesa antes de volver a besarle con deseo. James enredó los dedos en el suave pelo del rubio mientras notaba como una de las grandes manos de este se colocaba bajo su camisa a la par que la otra volvía a masturbarle.

―No… para ―pidió el menor rompiendo el beso mientras le sujetaba la mano que acariciaba su pene― No… no podemos.
―¿Por qué? ―le preguntó al oído antes de morderle el lóbulo.
―No... no quiero hacer esto con… con esta ropa.
―¿Con esta…? ―empezó a preguntar el rubio antes de que una idea pasara por su cabeza― ¿También llevas la ropa interior de Peyton?

James se sonrojó y ladeo la cabeza, dándole al mayor toda la respuesta que necesitaba.

―Dijo que todo o nada ―reconoció el menor en voz baja―. Creo que disfruta torturándome.
―Seguramente ―dijo el rubio introduciendo la mano que tenía libre bajo la falda de tablas―. Después de todo, la señorita Zabinni es toda una slytherin.

Draco notó la suavidad de la ropa interior femenina que James estaba llevando, y como esta parecía estar tirante por tener que cubrir el duro pene del preadolescente. La imagen que se formaba en su cabeza, la del pene cubierto por la fina prenda mientras dejaba ver su cabeza con algo de presemen, hizo que su erección palpitara de manera dolorosa contra su pantalón obligándole a desabrochárselo. El mayor subió la falda y se pasó la lengua por los labios al ver lo que ya se había imaginado; pero que al verlo con sus propios ojos, era la imagen más erótica que había visto en mucho tiempo. James se cubrió la cara con las manos, demasiado avergonzado como para ser capaz de mirar a Draco.

Draco besó la cabeza del pene de James antes de meterse la punta en la boca y succionar, deleitándose con los sonidos que el menor hacía y que eran amortiguados por sus manos. El rubio se alejo y cogió una de las manos del joven Potter, alejándola de su cara para que este pudiera verle. Depositó un beso en la palma de esta y luego subió para besar su frente.

―No te tapes. Me gusta oírte gemir por más.

Tras eso besó sus labios y luego su cuello, besó su ombligo, que era visible por la abertura de la camisa y besó la parte interior de sus muslos, luego comenzó a repartir suaves besos por el pene de James, que aún estaba cubierto por la ropa interior. Con sus dientes cogió el borde de las braguitas rojas y bajo un poco la prenda liberando por completo el pene de James, el cual jadeo de placer al verse liberado de la tortura. Lamio desde la cabeza hasta la base, antes de jugar un poco con el prepucio y metérselo entero en la boca. James arqueo la espalda mientras dejaba escapar un ronco gemido de placer.

Draco llevo su mano hasta su propia erección, que latía con fuerza bajo su ropa interior de seda, y comenzó a masturbarse, intentando seguir el ritmo que su boca marcaba.

El rubio no pudo evitar sonreír mentalmente cuando noto las manos del moreno sobre su cabeza, intentando ser él el que marcara el ritmo de la mamada; aunque ambos supieran que el rubio nunca cedería el control de la situación.

Con un último gemido James se vino en la boca de Draco y se dejo caer casi inerte sobre la mesa con una sonrisa tonta y los ojos entrecerrados por el cansancio. Draco adoraba verle así, por eso siempre procuraba mirarle a los ojos cuando el joven no podía más y terminaba por correrse.

―Sube y comienza a prepararte para la fiesta ―le dijo Draco tras besarle dándole a probar su sabor, una acción que se había convertido en una costumbre―. Que no se te olvide ducharte primero.
―¿Quieres que te ayude con eso? ―le pregunto James sentándose sobre el escritorio.

Draco bajó la vista hacia su pene que seguía erecto y visible.

―Haz lo que te he dicho ―le respondió sentándose en su butaca―. Yo me encargare de esto.

El menor asintió con la cabeza antes de bajarse de un salto y volver a colocarse la ropa interior de Peyton. Cuando llego a la puerta se detuvo y Draco le vio mirarle por encima del hombro mientras se mordía el labio inferior. Draco sabía lo que quería. Quería volver allí y ponerse de rodillas entre sus piernas para devolverle el favor. James ya se lo había insinuado varias veces tras alguno de sus encuentros; pero Draco se había negado todas y cada una de las veces alegando que aún era demasiado joven para eso.

―Draco…
―Haz lo que te he dicho.

********


―Has hecho un buen trabajo con el crio, Draco.

El nombrado se giro para ver quién era el que le había hablado, aunque ya conociera esa voz y supiera a quien pertenecía. El Lord Oscuro estaba a su lado vestido con una elegante túnica verde y plata, los colores que con tanto orgullo solía llevar y que le reconocían como el heredero del gran Salazar.

―Gracias mi señor ―respondió con una inclinación de cabeza.
―También veo que se está convirtiendo en un apuesto joven.

Draco miro en dirección a donde estaban los jóvenes, reconociendo a James entre el grupo llevando una de las túnicas de gala que Narcissa le regalaba para ocasiones como esta. El joven Potter giro para mirarles cuando noto una intensa mirada sobre él y les sonrió al ver que era Draco uno de los que les miraba.

―Tenéis razón, mi señor. Tenéis razón.




Tags: crack_and_roll, fandom: harry potter, fics
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